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Sintoniza con tus ciclos: La luna, tus hormonas y el poder de escuchar tu cuerpo

reinventándonos desde nuestro poder en la perimenopausia Jan 01, 2025

Vivimos en un mundo que nos exige ser lineales, siempre al mismo ritmo, con la misma energía, pero esa no es la naturaleza de nuestro cuerpo. Nosotras, las mujeres, somos cíclicas. Nuestro cuerpo fluye en ritmos, cambia, se expande y se recoge. Aprender a escuchar y comprender estos ciclos es una herramienta poderosa para reconectar con nuestro bienestar físico, emocional y espiritual. La clave está en reconocer que nuestro ciclo menstrual es un mapa, una guía para entender nuestra energía disponible, nuestras emociones y nuestras necesidades en cada etapa. Esta ciclicidad no solo está conectada a nuestro cuerpo, sino también a los ritmos de la naturaleza, en especial a las fases de la luna, que desde tiempos ancestrales han sido un símbolo del ciclo femenino.

Así como la luna crece, brilla y se repliega, nuestro ciclo menstrual también transita por cuatro fases: menstrual, folicular, ovulatoria y lútea. La fase menstrual es nuestro momento de descanso y renovación. Al igual que la luna nueva, es un tiempo de oscuridad y pausa, donde el cuerpo necesita soltar y recuperarse. Aquí la energía está más baja, por lo que es importante permitirnos un ritmo más lento, acompañado de prácticas suaves como el yoga restaurativo o la meditación introspectiva. Es un tiempo ideal para reflexionar, registrar emociones y conectar con el silencio.

Al finalizar la menstruación, comienza la fase folicular, equivalente a la luna creciente. Es un período de expansión donde los niveles de estrógeno aumentan y con ello nuestra energía, creatividad y enfoque. Es el momento perfecto para movernos más dinámicamente, practicar yoga vigoroso y comenzar nuevos proyectos. Los alimentos frescos y ligeros, ricos en vitaminas y grasas saludables, como el aguacate o los frutos secos, son grandes aliados para nutrir el cuerpo en esta etapa.

La fase ovulatoria, por otro lado, coincide con la plenitud de la luna llena. Aquí nuestro cuerpo alcanza su punto máximo de energía y vitalidad. Es un momento de magnetismo natural, de conexión y claridad. Nos sentimos extrovertidas, radiantes y con ganas de compartir. Esta es una fase poderosa para aprovechar nuestra fuerza física con posturas de apertura como los Guerreros y para nutrirnos con proteínas y antioxidantes que apoyen el equilibrio hormonal.

Finalmente, la fase lútea, que se asocia con la luna menguante, nos invita a recogernos poco a poco. La progesterona aumenta, y el cuerpo comienza a prepararse para un nuevo ciclo. La energía se vuelve más reflexiva e introspectiva, y es común sentir la necesidad de reducir la velocidad y cuidar más de nosotras mismas. Aquí, el yoga suave, las torsiones y las prácticas de journaling pueden ayudarnos a liberar tensión y reconectar con lo que necesitamos soltar. La alimentación debe enfocarse en estabilizar el azúcar en sangre, incorporando carbohidratos complejos como camote, quinoa o semillas, y cacao natural para calmar el sistema nervioso.

Esta conexión entre el ciclo menstrual y la luna no es casualidad. Nuestros cuerpos están naturalmente sintonizados con los ritmos de la naturaleza, y entender esta relación puede ayudarnos a encontrar un equilibrio más profundo. Observar las fases lunares y cómo coinciden con nuestro ciclo puede ser una herramienta de autoconocimiento. Durante la luna nueva, podemos sembrar intenciones, reflexionar sobre lo que queremos crear, y al llegar la luna llena, observar cómo se manifiestan esos deseos y cómo fluye nuestra energía.

Llevar un journal de tu ciclo puede ser una práctica transformadora. Registrar cómo te sientes física y emocionalmente en cada etapa te permite reconocer patrones, entender tus necesidades y ajustar tus rutinas para honrar lo que tu cuerpo te pide. Puedes escribir cómo cambia tu energía, qué te inspira o te desafía, y qué herramientas te ayudan a sentirte mejor en cada fase. Como señala Alisa Vitti en su libro Woman Code, entender y equilibrar nuestras hormonas no solo mejora nuestra salud, sino que nos devuelve la confianza en nuestra naturaleza cíclica.

Sintonizar con tus ciclos es mucho más que un acto de autoconocimiento; es un acto de amor y respeto hacia ti misma. Nos recuerda que no siempre tenemos que ser iguales ni hacer todo con la misma intensidad. Cada fase tiene un propósito y nos brinda una energía única: hay momentos para crear, para brillar, para descansar y para soltar. Cuando aprendemos a fluir con nuestro ritmo natural y a respetar estas etapas, dejamos de luchar contra nosotras mismas y empezamos a vivir con más armonía y claridad.

Tu ciclo es un recordatorio constante de tu poder y tu conexión con la naturaleza. Aprovecha esa sabiduría que habita en ti, siéntela y déjate guiar por ella. Al hacerlo, no solo transformarás tu bienestar físico y emocional, sino que también recuperarás tu energía femenina y esa calma que surge cuando decides escuchar a tu cuerpo y honrar su ritmo.